sábado, 23 de junio de 2018

LA REGLAS DE MARTHA SOUNDERS

        Eran este tipo de cosas por las que nunca me metía en el drama de mis compañeros; siempre les guiaban a un desastre. Como aquella vez en la que Russell decidió que era tan cool como para que el guardia los dejase pasar al lugar, gratis y sin pagar. Decidí desde entonces que nunca iba a escuchar a Russell de nuevo.
        Y luego me preguntaban que hacía sentada frente a mi PC todo el día.
        Bueno; ya ignorando el incidente con el guardia, la policía y las multas… Otra de las razones era por las parejas. Una persona normal con un grupo de amigos normales (no de la mala manera, por supuesto) diría que todo se resolvía rápido… Pero no, yo tengo un grupo único: ya no sé quién sale con quién. Recuerdo algunas conversaciones donde terminé más confundida que antes, en serio.
        “—Entonces, ¿seguís saliendo con Joshua? —pregunté.
        Zoe me miró con incredulidad.
        — ¿Qué no lo has escuchado, Martha? —Inquirió, mirándome como a un espécimen desconocido—. Mira, que terminamos hace una semana en buenos términos. Él está saliendo con Angelina.
        Cuando terminó de decirlo yo estaba preguntándome a mil kilómetros por hora el cuándo habían terminado.
        —… Creí que Angelina salía con Nicolás.
        Esta vez, la mejor amiga de Zoe, Elisa, respondió:
        —Nope. Nicolás ahora está saliendo con Christine —dijo mientras trataba de devorar una hamburguesa que estaba segura se desmoronaría en cualquier instante.
        Me di por rendida y juré nunca más volver a preguntarle a nadie de este salón con quién salían.”
        En ese día caí en cuenta que necesitaba reglas para mí misma. Reglas especiales sin capacidad de retenerme en un solo lugar, evitando que me enrollase en el drama que llevaban (y del cual pronto había perdido seguimiento alguno). Estas normas fueron basadas en… en nada actualmente. Cómo sea. Derechos de autor y eso.

REGLA 1: NO PREGUNTES POR LAS PAREJAS DEL GRUPO.

        Algo obvio. No quiero saber nada de este tipo de cosas. Me llego a preguntar si ellos saben con quienes están saliendo o están igual de confundidos que yo…

REGLA 2: NO ESCUCHES A RUSSELL

        Si bien creían que todo lo que Russell había hecho era hacernos pagar multas pues estaban equivocados. Un día usó el carro de su madre para llevarnos a todos de campamento, nosotros no sabíamos que era de su madre ni tampoco que no tenía licencia. Mal día. Y no, no nos paró un oficial. Nos paró el padre de Russell que trabaja en la Agencia de Reparaciones Automovilísticas (ARA, por sus siglas) que tan solo quedaba al otro lado de la colina. Fue una gran discusión… Hasta que su padre llamó a nuestros padres. No, nada cool amigo. También estuvo esa vez en la que echó ron en nuestras bebidas cuando teníamos dieciséis; sin embargo, yo odiaba esa bebida, así que no tomé nada.         Y para cuando notamos que las bebidas tenían algo, Nicolás estaba vomitando en el baño y Tim estaba dormido en el sofá, derramando el asqueroso jugo de fresa, frambuesa y cereza del vaso que aún sostenía, apenas, pues se deslizaba.
        Nota: Russell no es de fiar con bebidas, fiestas, o algo parecido. Es un bromista nivel doscientos cincuenta y dos, te lo apuesto. Y buen mentiroso de paso.

REGLA 3: SI NO ASISTISTE A UNA REUNIÓN, NO INSISTAS EN QUE TE CUENTEN ALGO. PODRÍAS LAMENTARLO… Y MUCHO.

        Uno de esos muchos días en los que mis amados padres no podían llevarme a la casa de mis inocentes y buenos amigos (mejor dicho, grupo de gremlins) me pregunté desesperadamente que estaban haciendo los demás. Me arrepentí. Fue una de esas muchas veces en las que sentí pena ajena en cuestión de mis amigos. Creo que fue algo así:
        “Yo me encontraba tranquila, sentada en mi cama y decidida, llamé a Zoe para que me revelara que habían hecho el viernes… o bueno, ayer.
        —Oye, Zoe —saludé.
        —Oh, hola Martha —replicó ella.
        Tomé una papita del tazón que tenía y me la metí a la boca.
        —Me preguntaba si podías hablarme de ayer —dije al terminar de masticar.
        —No pasó nada raro. Tim tiró a Nicolás a la piscina, luego Nicolás arrastró a Angelina y las demás al agua (más bien empujó) —se detuvo para luego agregar en voz baja—, luego yo los grabé y lo publiqué en YouTube. Se llama ‘Respiro bajo el agua… Nah, mentira, me ahogo’. Ya verás porque se llama así.
        Al instante puse el video, dejando la llamada con Zoe en pausa. En la pantalla se mostraban a Nicolás y Tim teniendo una pelea que sobreexcede lo patético. Y todo comenzó por una batalla por el último trozo de pizza. De la deliciosa pizza. Me pregunté donde habían aprendido a pelear tan horriblemente mal. Estaban hablando de manera inentendible. Luego, Nicolás se salió de la piscina unos segundos, que parecieron horas (creo que mi impaciencia es hereditaria). Unos momentos más tarde, Angelina cayó al agua, seguida de Elisa y Christine.
        “Nada que ver con ahogarse” pensé.
        Sí, eso hice. Y fue tonto. Venga, que Zoe nunca miente.
        —Pero qué… —dije cuando vi que en el video Joshua caía encima de Tim.
        Joshua gritaba—: SOY AQUAMAN, HERMANOS. LUCHEMOS POR LA LIBERTAD DE ATLANTIS. ¡YA HE DERROTADO AL TEMIBLE TIMOTHY HART —el nombre completo de Tim, por cierto—, COMANDANTE DE MANTA NEGRA!
        Cerré el video, colgué la llamada y me senté, mirando a un punto en la pared.
        —Ya no sé qué pensar… —susurré cuando mi madre vino a checar si ya había hecho la tarea”.

REGLA 4: CORTARLE LA MANO A QUIEN SEA QUE CIERRE MI LIBRO.

        Si había algo por lo que había ganado fama, era por mis formas de amenazas. Simplemente, nadie quería verme enojada. Ver a la grandiosa, genial, inteligentísima, Martha Sounders enojada era como marcar tu sentencia de muerte. Bueno, esos eran los rumores. Un grupo de palabras para que dejen de molestarte es suficiente. Oh, es para mis compañeros de clase, no mi grupo de amigos. Lo lamento.
        Hubo un día en que Joshua creyó que sería genial cerrar un libro que me estaba leyendo cuando no tenía el separador. Ardió Troya… literalmente. Nerón causó un fuego en ese… Me desvié. El punto es que él lo intentó cerrar y yo estaba como que toca mi libro y haré tu vida imposible. Voy a asegurarme de que nadie te encuentre…
        Claro, mis amenazas no funcionaron en él. Cerró el libro. Recordé la página en la que había quedado aunque por poco no lo hago. 278, 278, me repetía en mi mente. Recuerdo haber agarrado un dibujo suyo y haber borrado la mitad. Satisfacción, mi amigo.

REGLA 5: NO ENTRAR EN LOS DESÓRDENES DE CLASE.

        Los nombré desordenes de clase, pues es lo que más se parecía a ello. Nadie se podía quedar quieto en medio del cambio de hora y como buena persona que soy, decidí intentar ignorar el desastre; aun así, era más complicado de lo que parecía.
        No podía evitar gritarles que se sentaran de una vez y me dejasen copiar (cosa que nunca funcionaba la verdad). Un día siquiera pude terminar de copiar una tarea de matemáticas que era, en factor, sumativa. Escogí ignorarlos a ellos lo más que podía, mientras me preguntaba algo tan simple pero tan complicado a la vez.
        “Si son incapaces de organizarse en una situación tan simple, entonces como lo harán en una complicada. ¿En serio habremos madurado? Porque me pone en duda el que seamos adolescentes con esta clase de… actitud. ¡Es solo un bendito cambio de hora, por Dios!”
        Aunque debía admitir que a veces yo ella participaba en los Desórdenes de Clase

REGLA 6: SI TENGO SUEÑO DESPIÉRTAME PARA EL RECREO… MEJOR NO.

        Tenía un problema con dormir. Lo admito. Y es que se me hacía imposible dormir. Se hizo algo cotidiano el que mis amigos no fiables me despertasen de las veces en las que me dormía en clases o escogiesen ignorarme. Por ejemplo; Nicolás, Mark y Joshua contantemente me despertaban en matemáticas, ciencias e inglés. En historia nadie se molestaba en despertarme; siquiera se daban cuenta cuando me dormía y volvía a despertarme solo dos minutos después para seguir copiando el tema y escuchando al profesor. Era como tener un recordatorio pregrabado en tu cerebro. Por otro lado está la clase de español: yo me mantengo despierta. Sin ayuda. No puedo pegar los ojos ni por diez segundos sin que alguien crea que me dormí así que tomé el pestañear mucho como un hábito… solo para esa clase, claro.
        Nunca me he cansado en el recreo, ahora que lo pienso. Siempre termino despertándome. Buena onda, ¿verdad?

REGLA 7: ALÉJATE, MONSTRUO. ¡COMO PUEDES LLAMAR DARTH VADER A KYLO REN!

        No, nunca he sido alguien de juzgar a la gente porque no les gusta lo mismo que a mí. En casos de que no compartan mis gustos simplemente escaneó su personalidad para saber en qué virtudes y defectos se parece a mí. Yep, raro.
        ¡Pero! No puedo evitar ponerme molesta con esto de llamar a un personaje favorito por otro nombre que ni se parece al del mismo. Es como si uno llamase a la Enterprise (Comandada por James T. Kirk. Es una nave de Star Trek, o Viaje a las Estrellas, en español.) el Halcón Milenario (un modelo Carguero ligero YT-1300f que fue fabricado por la Corporación de Ingeniería Corelliana que fue utilizado por Lando Calrissian, Han Solo, Chewbacca, etc. Obviamente de Star Wars, Guerra de las Galaxias). No. Eso es igual de horrible que pensar que Superman es de Marvel.

REGLA 8: EXCEPTUAR LA REGLA 2 Y 3.

        Eran pocos los momentos en los que Russell tenía razón, pero si la tenía, sabíamos cuándo lo hacía. Era cuando adoptaba esa actitud tan seria como la de su padre. Sí, su padre era como una roca.         Por lo tanto, esto justifica el desuso de la regla 2.
        La regla 3 cae en desuso temporal cuando pido los detalles con una justificación oficial. Ejemplo: un trabajo en grupo al cual no pude ir.

REGLA 9: JUGAR EN LA PS4 CON AMIGOS PUEDE SER UN DOLOR DE OÍDO… Y CABEZA… ¿NO TENDRÉ MIGRAÑA?

        El jugar en la consola PlayStation 4 de Sony es divertido al extremo y más con amigos. Eso, hasta que usas los audífonos. Allí se te rompen los tímpanos por escucharlos quejarse del juego y gritar cada vez que pierden una vida.

¡NO! ¡ERA MI ÚLTIMA VIDA EN EL MARIO BROS, BASURA!

        Y cuando todas las bestias se reúnen en una casa…

“JOSHUA: ¡ME ELIMINARON! ¡NOOOOO, QUEDAMOS DE CUARTOS!

NICOLÁS: ¡SÍ, SÍ! ¡EN SUS CARAS PAYASOS!

MARK: ¡AHHHHHHHHH! ¡¡¡¡POR ESPARTA!!!!”

        Nada fuera de lo normal.

REGLA 10: TENER NORMALIDAD DE VEZ EN CUANDO ES BUENO. TENGO OTRO GRUPO DE AMIGOS. OS HE REEMPLAZADO. MENTIRILLAS MÍAS… SÍ, LO PROMETO.

        No solo tengo un grupo de amigos. Linda Harper, Dylan Hernández y Roderick Rodríguez eran tres de mis mejores amigos. Siempre que necesitaba una pizca de normalidad me reunía con la cantante profesional (Linda), el amante de los memes (Dylan) y el que es único, tanto, que debo alejarme de él también de vez en cuando (Roderick).
        Claro, me prometí a mí misma que ningún grupo valdría más que el otro. Sigo con esa promesa.

Envidia y egocentrismo

        Miró molesto por donde se había ido su compañero. Si bien amaba estar con él y en sus grandiosas aventuras, este podría ser un ser insoportable algunas veces; siempre recibiendo toda la atención y siendo premiado constantemente por los altos mandos.
        Un día de estos el ego se le iba a subir a la cabeza y terminaría muriendo en medio de un caso, sentenció al hablar con Arty, un amigo de la sección de comunicaciones. Arty le respondió inmediatamente que la envidia no le iba a llevar a ningún lado. Irman se molestó mucho y decidió dejar a Arty solo. Su compañero, el Agente Trew, estaba sentado en unas mesas de la abarrotada cafetería junto a una multitud de personas; desde conserjes hasta tenientes y comandantes. Bufó mientras se preguntaba si no tenían nada más que hacer y se alejaba de la situación.
        Al otro día, fueron llamados para una misión. Debían rescatar a la Dra. Row, quien si no se equivocaba, le había diagnosticado el TOC. Era, además de psicóloga, una gran bióloga con conocimientos en Física Nuclear. En el camino Trew no paraba de relatar sus aventuras, en las que, por si se había olvidado, él mismo había participado. Qué enervante que siquiera recordase su presencia en esos momentos, se dijo en su mente.
        Estaban a mitad del campo de batalla cuando la discusión empezó. Envidioso, acusaba Trew a Irman. Egocéntrico narcisista, devolvía Irman a Trew. Ninguno de los dos vio el disparo dirigido hacia Irman. Trew se sentía culpable: nunca tomó en cuenta las hazañas de su amigo fallecido. Murió poco después por una granada enemiga.
        La envidia y el egocentrismo los llevaron a su caída; sin embargo, murieron juntos como compañeros. Pero yo, la doctora Row, sobreviví el tiempo suficiente para ver a una amistad derrumbarse por ambos factores. Nunca voy a dejar esto pasar otra vez.