sábado, 23 de junio de 2018

Envidia y egocentrismo

        Miró molesto por donde se había ido su compañero. Si bien amaba estar con él y en sus grandiosas aventuras, este podría ser un ser insoportable algunas veces; siempre recibiendo toda la atención y siendo premiado constantemente por los altos mandos.
        Un día de estos el ego se le iba a subir a la cabeza y terminaría muriendo en medio de un caso, sentenció al hablar con Arty, un amigo de la sección de comunicaciones. Arty le respondió inmediatamente que la envidia no le iba a llevar a ningún lado. Irman se molestó mucho y decidió dejar a Arty solo. Su compañero, el Agente Trew, estaba sentado en unas mesas de la abarrotada cafetería junto a una multitud de personas; desde conserjes hasta tenientes y comandantes. Bufó mientras se preguntaba si no tenían nada más que hacer y se alejaba de la situación.
        Al otro día, fueron llamados para una misión. Debían rescatar a la Dra. Row, quien si no se equivocaba, le había diagnosticado el TOC. Era, además de psicóloga, una gran bióloga con conocimientos en Física Nuclear. En el camino Trew no paraba de relatar sus aventuras, en las que, por si se había olvidado, él mismo había participado. Qué enervante que siquiera recordase su presencia en esos momentos, se dijo en su mente.
        Estaban a mitad del campo de batalla cuando la discusión empezó. Envidioso, acusaba Trew a Irman. Egocéntrico narcisista, devolvía Irman a Trew. Ninguno de los dos vio el disparo dirigido hacia Irman. Trew se sentía culpable: nunca tomó en cuenta las hazañas de su amigo fallecido. Murió poco después por una granada enemiga.
        La envidia y el egocentrismo los llevaron a su caída; sin embargo, murieron juntos como compañeros. Pero yo, la doctora Row, sobreviví el tiempo suficiente para ver a una amistad derrumbarse por ambos factores. Nunca voy a dejar esto pasar otra vez.

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